Al hablar de aguas amazónicas, hacemos referencia a las aguas que nacen en los Andes y recorren miles de kilómetros antes de llegar al Atlántico, arrastrando nutrientes y sedimentos que alimentan a uno de los ecosistemas más biodiversos del planeta. Las aguas amazónicas, junto con los bosques que las rodean, cumplen un papel crucial en el ciclo del agua en la región. Constituyen el sistema de cabeceras más extenso del occidente amazónico y dan origen a pesquerías que alimentan a millones de personas.
Los ríos de la Amazonía no están aislados. Forman una red interconectada con humedales y bosques inundables que, en conjunto, sostienen tanto la biodiversidad como la vida de cientos de comunidades y ciudades en la región. Sin embargo, esta red está amenazada. El avance de grandes proyectos de infraestructura, como carreteras, hidroeléctricas e hidrovías, puede fragmentar los ecosistemas acuáticos, alterar el flujo natural de los ríos y afectar la dinámica natural de la biodiversidad y sus beneficios a la sociedad.