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A simple vista, la cuenca andino-amazónica del río Inambari bien podría pasar como una de modestas dimensiones: drenando una superficie de 20 360 km2, representa alrededor del 10% de la superficie terrestre de la cuenca del Madre de Dios, un 1,5% de la del Madeira, y menos del 0,3% de la del río Amazonas. No obstante, el Inambari tiene un rol crítico en la hidrología y dinámica de los sedimentos de estas cuencas más grandes de las que, justamente, forma parte.

La cuenca del Inambari, dentro de la cuenca del Madeira. La descarga del río Inambari representa, aproximadamente, el 5% de la descarga del río Madeira, y, prácticamente, el 1% de la del río Amazonas.


Ante ello, el libro Inambari: Hacia un enfoque integrado de la gestión de cuencas hidrográficas busca resaltar la importancia de un manejo integrado de esta y de otras cuencas de la Amazonía andina. Como lo predice el título de la publicación, el futuro del Inambari y las cuencas andino-amazónicas yace en el enfoque integrado para la gestión de las cuencas fluviales, considerando la importancia del canal principal —que, al recibir los efectos de todos los tributarios aguas arriba, carga con los efectos acumulativos— y el análisis de proyectos y emprendimientos de desarrollo a escala de cuenca.

 

El contexto en el cual se encuentra la cuenca del Inambari es uno en el que las carreteras y represas han venido transformándola, y, con ello, llevándola por una ruta en la cual los ecosistemas, economía y condiciones sociales de la zona podrían ser alterados de manera irreversible. Según el estudio «A horizon scan of global conservation issues for 2013», citado en el libro, «la proliferación de infraestructura hidroeléctrica en la Amazonía andina fue identificada recientemente como uno de los 15 problemas más acuciantes para los esfuerzos globales de conservación».

 

La Hidroeléctrica San Gabán II está localizada a 2100 m de elevación y es la única represa operativa en la cuenca.


Bajo esta línea, se destaca que, el 9 de agosto, el presidente Pedro Pablo Kuczynski se pronunciase en contra de firmar la aprobación de un proyecto hidroeléctrico en Inambari, valorizado en US$ 4 000 millones y paralizado desde 2011. «Hay otros proyectos más pequeños, menos dañinos para el ambiente, que pueden ser muy positivos. Yo los voy a apoyar», expresó.

No obstante, el desarrollo hidroeléctrico y el de la construcción de autopistas —ejemplificado en su máxima expresión de impactos ambientales que ha supuesto la carretera Interoceánica del Sur— no son los únicos problemas y amenazas con los que una gestión integrada de la cuenca tendría que lidiar. Según la publicación, la agricultura de pequeña escala, centrada en la coca, genera el vertimiento al río de los productos químicos requeridos para producirla.

La minería, por otro lado, no implica únicamente la contaminación por mercurio. Más grave que ello resulta la perturbación de los sedimentos del lecho del río, producidos durante la actividad minera, que afectan tanto la estabilidad del cauce como la turbidez de la columna de agua. Así, serían estos cambios en la hidrología de la cuenca los que repercutirían en un aumento de la contaminación por mercurio y, por consiguiente, en el grave riesgo para los ecosistemas y la salud humana. 

Las operaciones mineras modifican significativamente la orilla de los ríos, introducen mercurio en los ecosistemas acuáticos y agregan grandes cantidades de sedimentos a los ríos y quebradas. La alteración y destrucción del hábitat representan el mayor impacto que produce esta actividad en la cuenca.


Con todo ello, ¿qué está en riesgo? Al menos 13 tipos de humedales naturales han sido identificados en la región de las cuencas del Inambari y el Madre de Dios, los mismos que proporcionan importantes hábitats acuáticos, además de sustentar los medios de vida agrícola y ganadera del área. Acorde a la publicación, impactar la cuenca del Inambari —y las cuencas andino-amazónicas— implica afectar «aspectos fundamentales de la formación y productividad de las planicies inundables, la existencia de hábitats lateralmente conectados para la vida acuática y el movimiento de peces migratorios a lo largo de los ríos».

Respecto a la último, se ha identificado que, en áreas de la cuenca por encima de los 350 metros, habitan aproximadamente 100 especies de peces de agua dulce. Asimismo, la cuenca representa un área fundamental de paso de peces migratorios de larga distancia —como el dorado o la mota flemosa—, de migrantes regionales —como los carácidos y los bagres—, y de migrantes locales —como la ashara y el sábalo macho—. Y, expandiendo, la diversidad de especies de plantas, aves, anfibios y mamíferos es mayor que en casi cualquier otra región del mundo, contándose, asimismo, con muchos casos de endemismo.

El dorado (Brachyplatystoma rousseauxii) recorre distancias de 3700-5000 km, migraciones que van desde la desembocadura del Amazonas hasta las estribaciones andinas.

Ante lo anterior, la publicación propone tres aproximaciones críticas para lograr el enfoque integrado de las cuencas hidrográficas, partiendo por la del Inambari:

  • Promover un enfoque a escala de cuenca para la planificación y evaluación de proyectos de agricultura, energía, infraestructura y actividades extractivas;
  • Llevar a cabo un examen de los efectos acumulativos de las alteraciones fluviales y del paisaje, mediante el uso de la Evaluación de Impacto Ambiental (EIA) y de la Evaluación Ambiental Estratégica (EAE); y
  • Establecer una plataforma multisectorial/multiescala para la gestión de la cuenca del río Inambari.
  • Al proceso de evaluación ambiental de proyectos, se requiere incorporar la evaluación de impactos acumulativos, así como también un estudio de los efectos posteriores a la construcción.

     

    Hidro-data:

    • La cuenca del río Inambari se extiende a través de los departamentos de Puno, Cusco y Madre de Dios, abarcando un área de aproximadamente 20 360 km2.
    • La del Inambari es la cuenca que drena la mayor parte de las zonas altas de los Andes (encima de 3500 m.s.n.m.) y tiene un caudal medio anual estimado de 797 m3/s en su punto de descarga en el río Madre de Dios.
    • En la cuenca del Inambari se encuentran tres ecorregiones principales que se distinguen en base a su elevación: Cordillera de los Andes y glaciares (> 3500 m), yungas (3500 - 500 m), y el piedemonte andino (<500 m).

    Leer publicación aquí.

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