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  • A casi 5 mil metros de altura un pequeño felino pasa sus días entre nevados y pajonales tratando de no extinguirse.

En Punalaqueque el frío cuela hasta los huesos. Ubicado en el distrito de Cuyocuyo, provincia de Sandia, en el departamento de Puno, la comunidad se dedica principalmente a la agricultura y la ganadería de camélidos. Sus habitantes siembran tubérculos andinos como la papa, la oca y la mashua, y crían llamas y alpacas. A 4,900 metros sobre el nivel del mar la altura dificulta la respiración y se hace difícil caminar, pero una tarde de mayo un grupo de biólogos de WCS y de la ONG Procarnívoros recorrió las alturas de la comunidad dejando cámaras trampas con la intención de fotografiar a uno de los animales más escurridizos para ver en vida silvestre. Los científicos estaban buscando a un gato. 



En medio de nevados y pajonales vive uno de los felinos más raros y difíciles de observar en vida silvestre. El gato andino (Leopardus jacobita), es del tamaño de un gato doméstico y se alimenta principalmente de vizcachas. Vive solo, como la mayoría de felinos, y es tan sigiloso que es casi imposible de fotografiar. Sin embargo, su existencia en la tierra está en peligro. Según el D.S. 004-2014-MINAGRI de las leyes peruanas está categorizado como “En Peligro” y como "En Peligro de Extinción” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN por sus siglas en inglés); es decir, se está enfrentando a un riesgo de extinción muy alto en estado silvestre. La pérdida de su hábitat y la cacería para rituales religiosos y danzas folclóricas son su principal amenaza en el sur del Perú, mientras que la expansión de la ganadería y la cría de animales domésticos disminuye el espacio en el que vive y lo reduce a pequeñas porciones de territorio.




Cuyocuyo es ya un sitio prioritario para la conservación de la diversidad biológica de la región Puno; quiere decir, es un lugar que, por sus valores naturales y culturales, es clave para la conservación de especies y ecosistemas, siendo el gato andino y su hábitat parte de esos valores. Este distrito, puerta de entrada a la Amazonía, está postulando a dos reconocimientos por parte del Estado peruano: ser reconocido como paisaje cultural vivo por su andenería ancestral -la más grande del suroriente peruano- y como zona de agrobiodiversidad; ya que en sus andenes se cultivan siete de las ocho especies de papas domesticadas del mundo y usa más de 80 variedades de plantas medicinales. En época de crisis de alimentos mantener espacios en donde se garantiza la seguridad alimentaria de la población es casi una obligación.

 

Los vecinos de Cuyocuyo sabían que el gato andino vivía cerca de sus casas. Habían oído hablar de él, pero pocos lo habían visto. De hecho, habían visto a su primo hermano, el gato del pajonal (Leopardus colocolo), un felino común en el Perú que se distribuye en parte de la costa y en toda la sierra hasta el borde de la selva alta. Son primos hermanos, pero el primero es mucho más tímido y para verlo hay que tener paciencia o subir los 4,900 metros hasta Punalaqueque.




Willy Maldonado, especialista en conservación y áreas naturales protegidas de WCS en Perú y líder de la expedición, cuenta que la mayoría de registros que evidencian la presencia de gato andino al sur del Perú son pieles y algunos rastros como huellas o madrigueras. Además, según Maldonado, algunos reportes previos ya daban cuenta de registros en el nevado Allincapac en Puno y la cordillera de Apolobamba en Bolivia.


Tres meses después de haber dejado las cámaras, el equipo volvió a recogerlas y el resultado era el esperado. Las fotos no mienten. El gato andino juguetaba con la cámara en medio de las montañas. Para Willy Maldonado este registro de fototrampeo en Cuyocuyo permite pensar en una estrategia de conservación binacional entre Perú y Bolivia para la protección de esta especie.




Reconocerlo en las fotos ha sido un trabajo en donde han intervenido varios especialistas, uno de ellos, Daniel Cossíos, cuya participación fue determinante. “En el caso del gato de pajonal la cola es relativamente corta y los anillos de la misma son delgados. Además, tiene anillos oscuros completos en las patas delanteras y las manchas de los lados del cuerpo parecen arrosetadas. El gato andino tiene una cola mucho más larga y con anillos bien gruesos, anillos incompletos en las patas delanteras y manchas laterales que no forman rosetas”, comenta.


El gato andino es uno de los principales predadores de las alturas y regula las poblaciones de roedores, en especial al cazar a los más viejos y enfermos. Su conservación es estratégica más aún entendiendo que su hábitat natural está en peligro y que si no lo hacemos pronto, será imposible volver a verlo en vida silvestre. Ni siquiera a través de una fotografía.

Lee aquí la versión en inglés. 


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